• Alberto Mansueti

¿QUÉ HARÍA JESÚS EN TIEMPOS DEL COVID 19?

Actualizado: 22 de jun de 2020

Nunca me gustó ese tipo de pregunta “¿Qué haría Jesús … etc.?” muy típico de los ambientes “pietistas” hoy predominantes en las Iglesias. Porque un “literalismo” aparente, sin contexto y sin sentido, conduce a respuestas absurdas. Porque Jesús no usaba cubiertos para comer, ni pantalón o camisa, tampoco jugaba fútbol o billar. Y desde luego “Jesús no fundó ningún partido político … bla, bla, bla.”

Pero John W. Whitehead, fundador y presidente del Rutheford Institute, me dio tremenda y muy feliz sorpresa con su artículo titulado COVID-19’s Challenge to the Christian Church: What Would Jesus Do? (“¿Qué haría Jesús …?”) Búsquelo en su Blog, 6 de abril pasado.


De entrada, afirma provocativamente que Jesús no predicaría lo del “quédate en casa y usa tapaboca”, ni “guarda la distancia social” … y obedece todo mandato de las autoridades. Para nada. ¿Y qué haría?

Lo mismo que hizo hace más de 2000 años: predicar a las gentes el Evangelio del Reino de Dios. El mismo Evangelio del Reino que nos “comisionó” a nosotros los cristianos predicar “completo”, con o sin Covid 19, según consta en Marcos 16:14-18, Lucas 24:36-49, y Juan 20:19-23.


Pero eso no es sorpresa: Jesús hoy no haría algo diferente a lo que hizo en la historia, allá en Judea, en aquel siglo I. Nada raro. La sorpresa es que si Jesús predicara el Reino, por ejemplo en los EE.UU., lo más probable es que sería otra vez acusado, arrestado, enjuiciado, juzgado, y por fin condenado. Lo mismo que aquella vez en Judea. ¿Por qué? Por idéntica razón: sería visto como un subversivo. Así de simple.


Whitehead escribe que en aquellos días, Jesús tuvo el coraje y la osadía de predicar nada menos que el Evangelio (completo) del Reino, el Señorío de Dios sobre los gobernantes, en el seno de un Estado policial-militar, el Imperio romano totalitario, del cual Judea era una provincia sometida. Y el predicar “ese” tal Evangelio, fue visto como un atrevido desafío a las pretensiones tiránicas del Gobierno de Roma, y de todos sus gobiernos vasallos. Subversivo. ¡Porque lo era realmente!


Y el actual Gobierno de Washington abriga las mismas pretensiones; por eso todo cristiano, o aún él mismo Cristo, que predique tal Evangelio del Reino, en ese mismo ambiente, se arriesga a suerte parecida. Tiene mucha lógica. Y la evidencia lo confirma: bajo regímenes absolutistas y despóticos en Asia y África, los cristianos son perseguidos, no por vocear un Evangelio “light” deformado, trunco y despolitizado, sino precisamente por “anunciar” el Evangelio del Reino de Dios y sus justos juicios.


Muchas veces, leyendo y releyendo los Evangelios, nos asalta la pregunta: ¿Por qué Jesús, sobre todo al principio de su ministerio terrenal, hablaba con bastante sigilo, precaución y disimulo, usando metáforas (parábolas), …primero a sus discípulos, en pequeños cenáculos? Y solo a medida que se acercaba el final de la historia, o sea el desenlace, fue hablando más clara y abiertamente, y a un público más amplio.


Es que Jesús predicaba el Evangelio de un Reino al cual todas las autoridades debían someterse y doblar la rodilla, en un ambiente recargado de hostilidad y violencia latente, creado por un Gran Estado opresivo, militarista y arbitrario, que reclamaba a todos la más ciega y servil obediencia. O sea: ¡como ahora!


Los césares romanos habían hecho algunas cosas buenas: caminos, puentes, acueductos, represas y otras obras públicas. Pero a costa de impuestos muy altos, insufribles, incluso en especie. Tenían también por costumbre repartir de vez en cuando algunas fanegas de trigo, aceite y vino entre el populacho (“obras sociales”); y a brindar bárbaros espectáculos circenses (entretenimiento) en la capital del Imperio y las ciudades importantes.


Roma no siempre había sido así. La Monarquía se inició con el gobierno de Rómulo en 753 a.C., y terminó en 509 a.C., con la expulsión del último rey, Tarquino “el Soberbio”. Y Roma fue una “República”, experimento político tan interesante, que nos ha fascinado a los politólogos de todas las edades. Mucho vocabulario de sus instituciones subsiste: hablamos de República, de Senado y ediles, cónsules, comicios, tribunos, etc. Pero desde Julio César, un siglo antes de Cristo, hubo “endiosamiento” de los Césares megalómanos y del Estado, y se cayó en la tiranía autocrática. ¡Como en EE.UU.!


¿Y en América latina? Las cosas también han degradado en esa dirección; y peor, porque nuestra edad republicana nunca llegó a ser ni la sombra de lo que fue en EE.UU., ejemplo de “Res Publica Christiana”, inspirados sus Padres Fundadores en el modelo de Gobierno “limitado”, del Antiguo Testamento.


La Teología bíblica nos explica el calvario, la muerte y la resurrección de Jesucristo y su entronización como Rey, desde el punto de vista del propósito de Dios: “estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo mismo” (II Corintios 5:19). Pero la historia nos lo explica desde las perspectivas de los actores humanos de entonces. ¿Quiénes? Pues Jesús se hizo muchos enemigos, y no sólo las autoridades de Roma; también por ejemplo los saduceos y herodianos, colaboracionistas del Imperio. Y los fariseos y el clero, que ponían cargas insoportables sobre la gente agobiada (Lucas 1:46). Y los zelotes, esas gentes de izquierdas, que aspiraban a resolverlo todo por la violencia, como hacen siempre.


El libro de los Hechos cuenta que los Apóstoles y primeros cristianos enfrentaron las mismos amenazas y peligros; y otros obstáculos, como los que querían hacer de la religión un negocio, tipo Simón el Mago (cap. 9); y los paganos efesios con su diosa Diana (cap. 19). Y las autoridades: lea cómo en el cap. 17 se describe a los cristianos desde el punto de vista oficial: “Estos que trastornan el mundo entero (…) y contravienen los decretos de César, diciendo que hay otro rey, Jesús”. ¿Por qué “trastornan el mundo entero”? Porque tornan al revés todos los principios políticos aceptados en masa desde la escuela, el total sometimiento a las autoridades endiosadas. Subversivo.


¿Había pandemias en aquella época? Oh sí; la palabra “lazareto” (hospital de apestados) viene del nombre de Lázaro de Betania, amigo de Jesús al cual resucitó (Juan cap. 11), de quien se dice enfermó y murió de peste. Pero ningún microbio sirvió como excusa para no predicar el Evangelio del Reino, pese a las penas y persecuciones afrontadas.


Es intrigante y perturbador leer el grueso del escrito de Whitehead, describiendo los castigos que padecieron Jesús, sus discípulos y apóstoles, bajo la férula del Estado romano y sus lacayos, que compara uno por uno a los que se sufren hoy en el Estado americano; y que nosotros podemos identificar también en nuestra América hispana. Quienes viven en esta era de agentes militarizados, redadas de tipo SWAT, tiroteos policiales contra ciudadanos desarmados, registros de carreteras, requisas nocturnas sin orden judicial, vigilancia invasiva, delaciones y premios a los delatores, de cortesanos aduladores y traidores, encierros y bloqueos, podrían pensar que esto no tiene antecedentes.


Pero esos abusos no son muy diferentes hoy de lo que fueron en tiempos de Jesús: todo es sobre control, poder, violencia y dinero. El Imperio Romano también fue de compulsivo y feroz adoctrinamiento, espías, operaciones secretas y encubiertas, “todo el mundo bajo sospecha”, sin garantías ante el estado policial, con guerras perpetuas en el exterior, ley marcial en lo interno; y cruel castigo para quien se atreva a cuestionar o desafiar la fuerza del Gran Estado y sus atrabiliarias leyes y decretos. En este marco tan adverso, quien hable de Soberanía de Dios, de su ley santa, sabia, justa y buena, y de sus inapelables sentencias sobre la historia, puede terminar crucificado.


San Juan del Río, México 18 de mayo de 2020

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