• Alberto Mansueti

LA MAYORÍA SILENCIADA

¿Qué somos los países hispanoamericanos? ¿Qué fuimos? Como partes componentes del antiguo Imperio Español, vivimos unos 300 años en un rumbo equivocado: un proyecto contrario a la Modernidad. Hubo un intento de incorporación a la Modernidad en la Asamblea Constituyente de Cádiz, 1812, pero se frustró. Somos los restos del viejo Imperio; eso somos.


 Mayoría silenciada. Foro Liberal de América Latina -  alberto mansueti

Llevamos otros 200 años como independientes, sin rumbo definido, empujados por distintos vientos. En el siglo XIX, nos soplaron dos fuertes vientos en dos direcciones opuestas: la continuidad del viejo proyecto antimoderno, al que adhirieron los conservadores, por un lado; y por el otro el proyecto de la Ilustración, que abrazaron los liberales inspirados en la Revolución Francesa. Las guerras fratricidas nos consumieron.

En el siglo XX se sumaron otros vientos: los socialistas, comunistas, “nacionalistas”, militaristas, socialdemócratas, democristianos, Neo-liberales, etc. Predominó el estatismo antiliberal, impuesto por el mercantilismo y las izquierdas. Y ahora, ya en pleno siglo XXI, se suman los vientos del marxismo cultural: ideología de género, “ambientalismo” extremo, indigenismo y posmodernismo. Y para colmo, el capitalismo y los “valores occidentales” ya no están más en Occidente; por eso, hoy en día, países de Asia y África nos llevan la delantera.

Esto hay que saber, para entender lo que sigue: una breve descripción del contexto ideológico en medio del cual estamos el Movimiento Cinco Reformas. Pretendemos el rumbo correcto para la región y para nuestros países; pero vivimos en un medio político, económico, social y cultural enormemente adverso.



DERECHA E IZQUIERDA


Hoy la diferencia está muy desdibujada, por culpa de la derecha mala, que se copia de la izquierda. Por eso se desconoce esta distinción, básica para comprender la política y los partidos, temas que se ignoran por completo, se confunden, no se captan correctamente.

Hace tiempo el profesor Juan Ramón Rallo tradujo el excelente capítulo 4 del libro I de “La mente izquierdista” por Erik von Kuehnelt-Leddihn: “Leftism Revisited: From De Sade and Marx to Hitler and Pol Pot”. (Rallo, “Derecha e Izquierda, por Erik von Kuehnelt-Leddihn”, en liberalismo.org.) A menudo vemos diferentes “redefiniciones” de los términos “izquierda y derecha”, cada cual más despistada que la anterior. LA DIFERENCIA es antes que nada MORAL: la izquierda es EL MAL en la política, y la derecha es EL BIEN; aunque la gente no lo sepa o no le guste. Y la buena filosofía moral clásica bien sabe que el bien puede pervertirse, incluso con frecuencia, pero el mal es definitivamente incorregible: por eso hay derecha mala, pero no hay izquierda buena: sólo mala y peor.

Por ende, el espectro político a lo largo del cual los partidos ocupan sus posiciones de izquierda a derecha es horizontal, unidimensional; no es bidimensional como apunta el muy engañoso pero muy famoso “Test de Nolan”. Y la contraposición lineal entre izquierda y derecha no es simétrica, es rotunda: no se trata de “dos opciones” o “choices” más o menos paralelas, entre las cuales puedas escoger según tu preferencia; no hay “preferencias” entre la enfermedad y la salud, la locura y la cordura, la verdad y la falsedad, lo real y lo irreal, el veneno y la comida. Son totalmente contrarias en naturaleza, como son el mal y el bien. Y sin términos medios.


Dice Rallo que la definición de izquierda y derecha es “una de las cuestiones más controvertidas. Y no en vano, ante la imposibilidad de definirlas, los liberales muchas veces cambiamos nomenclatura: liberticidas y liberales, intervencionistas y capitalistas, estatistas y antiestistas” ... Y mucha gente, sobre todo los “libertarios” como el propio Rallo, pero sin su sapiencia, y ante la ignorancia reinante y el desconcierto, NIEGAN LA DISTINCIÓN entre izquierda y derecha, o su validez y vigencia actuales.


Cierto que los términos tales proceden de la Revolución francesa; pero no los conceptos y las ideas que subyacen en la izquierda y la derecha, que remontan hasta el joven Platón y su discípulo Aristóteles.


LA IZQUIERDA es ahora hegemónica, aunque no por mérito, sino sólo porque la derecha se acobardó o se confundió, y se rindió. Y la izquierda no quiere que la gente salga de su ignorancia política; no le conviene que aprenda estas cosas. Por eso, por ejemplo, instruye a padres y maestros: “No corrijan a los niños si escriben con la izquierda; es tan válido como si lo hicieran con la derecha”. ¿Se ve?


--- El LENGUAJE es lo que marca la primera diferencia entre izquierda y derecha. Explica Rallo que “Kuehnelt recoge la sabiduría popular del lenguaje, institución evolutiva y espontánea que, como decía Cicerón, acumula el conocimiento de miles de personas de distintas épocas, y desarrolla coherentemente su definición actual.” Y Kuehnelt-Leddihn: “Derecha e izquierda se han usado en Occidente desde tiempos inmemoriales, con unos significados concretos: derecha con una connotación buena, positiva, e izquierda con una connotación mala, negativa”. Al menos en política, derecha es lo bueno, izquierda es lo malo; y el que no lo sabe es porque desconoce el lenguaje: las palabras y su significado.


ANOTA BIEN: orden, justicia y libertad (en esa secuencia lógica) son los PRINCIPIOS Y VALORES de la derecha; y a tales fines, los MEDIOS CONDUCENTES del liberalismo clásico son los “tres pilares” del liberalismo clásico (y del capitalismo): los gobiernos limitados, mercados libres y propiedad privada. La izquierda es lo todo lo contrario: desorden, injusticia y opresión, a través de sus medios, los contrarios: los gobiernos sin límites, los mercados maniatados, y la propiedad estatal. ¿Se ve claro?


CONTRASTES

No permitas que te engañen o confundan. El “centro”, los “modelos mixtos”, son sólo mezclas informes e inviables de capitalismo y socialismo, que como von Mises enseñó, son muy inestables y volátiles: fracasan enseguida, y su fracaso, si no hay una derecha buena, les abre la puerta a las izquierdas duras.


Izquierda y derecha, que son el mal y el bien, se contraponen absoluta y totalmente en todos y cada uno de los cuatro grandes niveles o planos en los que la acción política se desarrolla, las políticas públicas se consagran o reemplazan, y los partidos compiten:


--- Ideológico; en filosofía política contrastan los sistemas de Gobierno y las ideas subyacentes. Así la izquierda es colectivista, apoya el absolutismo político, es centralista, totalitaria y tendiente a la tiranía. La derecha es todo lo opuesto: individualista, abraza lo descentralizado, que encarnan las instituciones privadas en las distintas esferas de la sociedad civil (familia, escuela, comercio, iglesia, partidos, etc.), las que pueden ofrecer eficaz resistencia ante el avance arrollador del “Gran Estado”. Y muchas veces la derecha “autoritaria” (no totalitaria) se defiende mediante la “dictadura” (no tiranía) que no siempre mala necesariamente.


--- Programático; en políticas públicas, las de izquierda son: estatizar, reglamentar, y cerrar los mercados a la competencia; en contra de los tres únicos “derechos humanos”: a la vida, libertad y propiedad. Las de derecha son las opuestas respectivas: privatizar, des-regular, y abrir los mercados a la competencia, afirmando de esta forma los tres derechos humanos Es un error, casi siempre de la derecha


mala, la que se copia de la izquierda, creer que se trata solamente de economía; es en todas las esferas de la vida social: educación y cultura, atención médica, jubilaciones, etc.


¿Y por qué la izquierda impuso su hegemonía? Porque la derecha ha permitido que la izquierda avance sus políticas públicas sin oponerse eficazmente, o en todo caso haciendo una oposición meramente defensiva, sin pasar casi nunca a la ofensiva avanzando sus propios principios ideológicos y sus distintivas políticas públicas, comenzando por limitar o reducir los Gobiernos en funciones, poderes y recursos, y así liberar los mercados y afianzar la propiedad privada.


--- Representativo; sociológicamente, ¿a quiénes representa la izquierda? Minorías intelectuales, de la clase media “ilustrada”, que pretenden imponer a los demás sus opiniones, puntos de vista y “remedios” absurdos a los problemas, muchos de los cuales no existen: son inventados por la izquierda, o generados por la izquierda. La derecha en cambio representa naturalmente al resto de la sociedad, la gran “mayoría silenciosa”: gente normal y pacífica, de trabajo y familia.


“Representativo” es un sistema político cuando se encuentran representados todos los intereses y opiniones en los poderes públicos, mediante distintos partidos que se distinguen bien unos y otros: si todos son igualitos, esa democracia ya es “patológica”, enferma. En tal caso, por regla general, y a pesar de la creencia en contrario, LAS ELECCIONES NO CAMBIAN NADA: unos “elencos” politiqueros se van, y otros vienen, a poner en práctica los mismos libretos. Por eso los problemas no sólo no se resuelven, sino que se agravan y multiplican, por la fuerza de la inercia.


Los partidos de la derecha mala lo han hecho muy mal; y un sistema de gobierno que ha dejado de ser representativo, ya no es democrático. Por carecer de representatividad, el sistema vigente ha perdido legitimidad. Por eso tanta gente emigra, no quiere votar, y evadimos impuestos cuando podemos; son los síntomas del mal.


--- Electoral; si la derecha está bien representada, entonces las minorías de izquierda pierden las elecciones porque sólo tienen cautivo el voto “clientelar”: los pobres a los que se ha hecho dependientes del “Gran Estado”, y también empresarios o sindicatos en igual condición; y nada más. En cambio, si la derecha no está representada, o está mal representada, las minorías de izquierda ganan las elecciones sumando los votos de gente ideologizada o confundida, que no piensa con la cabeza: no usa la razón.


NOS FALLARON LAS IGLESIAS


Y la derecha es la razón, contra la izquierda que es la sinrazón. La razón se ha levantado siempre contra todo absolutismo político, sea de los Césares y Emperadores, Reyes y Príncipes, parlamentos, presidentes y primeros ministros. La primera línea de defensa del orden, la justicia y la libertad, los valores de la derecha, es la lógica contra el sofisma, el sentido contra el sinsentido, la verdad contra las mentiras, engaños, falsedades, confusiones y errores.


Para que la izquierda haya logrado imponer su hegemonía, le ha sido preciso primero embestir contra la razón. Y su perversa tarea le fue enormemente facilitada por todas las IGLESIAS CRISTIANAS, que abandonaron la defensa de la razón, y luego la defensa del capitalismo.


JUAN PABLO II fue el Papa valiente que se atrevió a desafiar al comunismo soviético y contribuyó grandemente a su derrota. Pero mientras combatía contra la izquierda política, firmó en el año 1998 una Encíclica en defensa de la razón, titulada “Fe y Razón”, sobre “los dos saberes”, que no son enemigos, y donde estampó lo siguiente, por ejemplo:


“...a partir de la baja Edad Media, la legítima distinción entre los dos saberes se transformó progresivamente en una nefasta separación. Debido al excesivo espíritu racionalista de algunos pensadores, se radicalizaron las posturas, llegándose de hecho a una filosofía separada y absolutamente autónoma respecto a los contenidos de la fe. Entre las consecuencias de esta separación está el recelo cada vez mayor hacia la razón misma. Algunos comenzaron a profesar una desconfianza general, escéptica y agnóstica, bien para reservar mayor espacio a la fe, o bien para desacreditar toda referencia racional posible a la misma... En resumen, lo que el pensamiento patrístico y medieval había concebido y realizado como unidad profunda, generadora de un conocimiento capaz de llegar a las formas más elevadas de la especulación, fue destruido de hecho por los sistemas que asumieron la posición de un conocimiento racional separado de la fe o alternativo a ella”. Más claro: agua.


¿Y las iglesias protestantes y evangélicas? Les pasó igual: se arrojaron en brazos de toda clase de irracionalidades en nombre de la “fe”; una fe que JOHN MACARTHUR llamó “reckless”, o sea atrevida e insensata, en su libro: Reckless Faith: When the Church Loses Its Will to Discern, 1994. Hace tiempo traduje un fragmento del libro, donde se lee un extenso parágrafo titulado: “Abandono de la verdad objetiva”. Dice el autor:


“La iglesia visible se ha hecho sorprendentemente tolerante para las enseñanzas aberradas y las ideas extravagantes, y terriblemente intolerante para la sana doctrina. En la concepción popular evangélica la verdad se ha hecho casi por completo subjetiva. Se ve como fluida, relativa y no absoluta. Sugerir que algún criterio objetivo deba o pueda usarse para distinguir la verdad del error, es algo notoriamente fuera de sintonía con el espíritu actual. Y en algunos casos, hasta la Escritura se descarta como pauta fiable de la verdad. “Después de todo, si puede ser interpretada de muchas maneras”, se oye, “¿quién puede decir cuál es correcta?” Todo este relativismo ha tenido efectos desastrosos en la capacidad del cristiano promedio para discernir lo verdadero de lo falso, lo cierto de lo equivocado, lo bueno de lo malo”.


Más adelante, MacArthur identifica al “existencialismo” como la corriente filosófica contraria a la verdad objetiva y permanente, que antes “se entendía universalmente como lo que es verdadero y no falso, cierto y no erróneo, correcto y no incorrecto, moral y no inmoral, justo y no injusto, bueno y no malo.” Acompaña una denuncia contra Soren Kierkegaard, el “pensador cristiano” que introdujo en el cristianismo el veneno “existencialista”, que ha sido un paso previo al Posmodernismo.


LA SIMIENTE DEL ESTATISMO


MacArthur remata: “esas ideas han tenido una fuerza muy poderosa en todo el pensamiento del siglo XX. El mundo sigue andando por una vía más atea, más secularista, y más irracional”.

Y más ESTATISTA, dirían Francis Schaeffer y R. C. Sproul. Traduje también un corto escrito de Sproul titulado “estatismo”, que define como la “divinización” del Estado, de los gobiernos y gobernantes, algo muy sin sentido, muy irracional, y muy pagano, que repudian muy clara y expresamente el Antiguo y el Nuevo Testamento, los primeros escritores cristianos, y la tradición apostólica del primer milenio.


Recuerda Sproul una pregunta que le había hecho 30 años antes al Dr. Schaeffer: “¿cuál es su mayor preocupación por el futuro de la Iglesia cristiana en EEUU? Sin dudarlo, el Dr. Schaeffer se volvió y me dijo una sola palabra: ’Estatismo’”. Es cuando “el gobierno es percibido o afirma ser la realidad última. Y luego esta realidad reemplaza a Dios, como la entidad suprema de la que depende la existencia humana”.


Sigue Sproul: “A lo largo de toda la historia de la Iglesia, el cristianismo siempre ha estado en contra de todas las formas de estatismo. El estatismo es enemigo natural y definitivo del cristianismo, porque es una usurpación del poder del Reino de Dios”. (...)

¿Y los cristianos? “La Iglesia fue relegada a un status no muy diferente del otorgado en el pasado a los nativoamericanos: a las tribus se les permitió seguir existiendo, siempre que funcionaran de forma segura en un ghetto o ‘reserva’, al margen de cualquier influencia significativa en la política. Así, la Iglesia no ha sido desterrada completamente por el estatismo que ha surgido en EEUU, pero ha sido expulsada de la arena pública”.


Hoy nos preguntamos ¿cómo fue la decadencia de Occidente? En su libro “La victoria de la razón. Como el cristianismo llevó a la libertad, al capitalismo y al éxito de Occidente”, el Prof. Rodney Stark, brillante sociólogo e historiador quien se define a sí mismo como “cristiano no denominacional”, describe el origen del capitalismo, desde el siglo IX, en plena Edad Media, menos oscura de lo que se ha pintado. “No hubo tal Edad Oscura. La Edad Media fue de admirable progreso y mucha innovación, e incluyó el capitalismo”. Afirma y prueba que la doctrina de un Dios “racional” es una herencia del cristianismo, que a su vez la toma del judaísmo.


“La razón es de Dios, en cuanto nada existe que Dios, el Creador de todo, no haya pensado, dispuesto y ordenado según la razón: nada que Él no haya querido que pudiera un día ser entendido por la razón. Ya que entender las leyes según las cuales Dios ha creado y ordenado el universo entero no es fácil (pero no imposible, observando con atención el mismo universo), el descubrimiento de estas leyes podrá ser sólo gradual: de aquí la idea del progreso, y de un conocimiento que crece en el tiempo y se perfecciona, otro tema que diferencia al cristianismo de la mayoría de las demás religiones, para las cuales el conocimiento y la sabiduría declinan respecto de una edad de oro, respecto de la cual no es posible progreso alguno sino sólo decadencia”.


“Está claro que la base realmente esencial para el desarrollo occidental fue una extraordinaria fe en la razón”, y esto se debe al cristianismo. La victoria fue de la razón en todos los campos, ciencia, economía, política. “Las otras religiones hacían hincapié en el misterio y la intuición; sólo el cristianismo abrazó la razón y la lógica como la principal guía hacia la verdad religiosa. Alentada por los escolásticos y metida en las universidades medievales fundadas por la iglesia cristiana, la fe en el poder de la razón se infundió en la cultura occidental, estimulando la búsqueda de la ciencia y de la teoría y la práctica democráticas”.


Culmina Stark apuntando a Asia y África: “Muchos no se dan cuenta que en la época de la globalización muchos países en vía de desarrollo primero ven florecer amplias minorías (y a veces mayorías) cristianas y luego avanzan en el plano de la ciencia, de la democracia y de la economía”.


CORTINAS DE HUMO Y RUIDO


La izquierda ha puesto varias “cortinas” que impiden la visibilidad y que aturden: histeria anticorrupción y el lawfare; las falsas polarizaciones y el “voto útil”; antipolítica y partidofobia; el cada vez más frecuente grito de “fraude electoral” y todos los otros cuentos de la politiquería; y por último el marxismo cultural en todas sus diversas expresiones, que nos impiden visibilizar el origen de los daños: el marxismo clásico.


”Lawfare” es la persecución del rival político por la vía de dudosas causas judiciales por lo general centradas en escándalos de corrupción, linchamientos mediáticos y prédica de odio, en lugar de hacer competencia por el camino de la discusión racional de las propuestas. La izquierda comenzó estas malas prácticas contra los “neoliberales”, y después la derecha mala hizo lo mismo, hasta llegar a la guerra detodos contra todos que hoy nos envenena el ambiente. Porque retar a su rival político cuestionando las políticas públicas que defiende es una cosa, es una convocatoria a la discusión racional; pero otra cosa distinta es acusarlo de “criminal y delincuente”, es una claro y directa descalificación personal, y un llamado al odio, que evita el debate serio sobre los problemas reales y de fondo. Por eso HOY NO SE HABLA DE POLÍTICA, sólo hay pura diatriba politiquera.


Las cortinas de humo han sido puestas con la intención de “patear la escalera luego de subir”: para destruir los mapas una vez llegados a destino. La izquierda ha usado y abusado de sus ideologías y sus “grandes narrativas”, de sus argumentos falaces, de su actividad política y de sus partidos políticos, para imponer las políticas marxistas clásicas, y tomar el poder; el poder absoluto y total. Le llevó 100 años. Y luego, una vez ya en el poder, desde esa posición tan ventajosa, lanzó unas feroces diatribas contra la política, los políticos y los partidos, gritando a voz en cuello el lema posmodernista: “¡Se acabaron los grandes relatos! ¡La época moderna llegó a su fin! ¡Los argumentos racionales han fracasado!” ¿Se ve?


Una vez visto el cuadro, se comprende fácilmente por qué son necesarios, pero NO SON SUFICIENTES los profesores y sus “think tanks”, y tampoco los “influencers” de Youtube y redes sociales. Tampoco las marchas de protesta callejera. La derecha necesita con urgencia de partidos privados, y que sean unos PARTIDOS COMPLETOS, de cuatro dimensiones, para jugar no sólo a la defensiva, tratando de vencer a la izquierda sólo repitiendo hasta el cansancio que sus ideas y propuestas son malas.


Partidos que se lancen de una vez a “jugar adelante”, no sólo intentando de atajar pelotazos, sino que sean POSITIVOS, pateando la pelota al arco enemigo. No sólo decir que nuestras ideas son buenas, sino que las políticas públicas en ella inspiradas son buenas, y únicas que ofrecen salida eficaz a los problemas de la gente normal. Así vamos a ganar representatividad; y luego vamos a ganar elecciones. De otro modo, nuestra región latinoamericana va a seguir marcha atrás, y cuesta abajo.


CORRIENDO LAS CORTINAS


En Ciencias Políticas un partido se “mapea” conforma a las cuatro líneas o niveles ya antes descritos, más arriba, según sean las respuestas a una serie de cuatro preguntas:


--- ¿Cuál es su ideología? Dicho más propiamente: ¿en qué doctrina o filosofía política se inspira? Muchas veces los partidos politiqueros (no “políticos”), de izquierda casi todos, se rehúsan a revelar su ideología; e incluso, hipócritamente alegan no tener ninguna. Mentira; lo que sucede es que no son transparentes, son “opacos” y la ideología está subyacente, no es declarada; entonces hay que inferirla a partir de su programa, lo que nos lleva al siguiente punto.


--- ¿Qué propone? Esto es, ¿cuál es su programa? ¿su “oferta”? Aquí suele no haber transparencia tampoco, hay pura retórica vacía. Sus políticas públicas rara vez son declaradas. Sucede con los partidos de izquierda, casi todos, que después de más de 100 años de hegemonía, su oferta ya está inscrita en las Constituciones y leyes, procedentes de tratados y acuerdos internacionales suscritos en las Agencias supranacionales de la ONU y otras entidades parecidas. Se inspiran en el marxismo clásico, el de las 10 políticas del Manifiesto Comunista de 1848. En tal condición LOS PRESIDENTES NO GOBIERNAN; los países se gobiernan solos en modo “piloto automático”: presidentes y ministros van y vienen, mientras las burocracias estatales están al mando, en sus escritorios y oficinas, y se limitan a hacer cumplir las leyes malas por la fuerza, y nada más.

Nada nuevo tienen para ofertar entonces. ¿Qué proponen? Pues muy simple: ¡MÁS DE LO MISMO! Y en todo caso las políticas del marxismo cultural: el del Siglo XXI.


Estos dos primeros criterios están muy relacionados: si los partidos son congruentes, su oferta se inspira en su ideología; pero si no lo son, su incongruencia debe ser mapeada y tomada en cuenta.


--- ¿A quiénes representa? Declaran representar a todo el mundo; pero aquí tampoco son transparentes, y ha de investigarse bien, al detalle y con lupa, cuáles opiniones e intereses representan verdaderamente. No es tarea fácil. Pero de la investigación puede deducirse el potencial de crecimiento o decrecimiento. Por eso este criterio está muy relacionado con el siguiente.


--- ¿Cuántos votos tiene y dónde? Nos ayuda a mapear su representatividad real, y a tener una idea aproximada de su peso y densidad; así como de su presencia y relevancia en el país, y en los “territorios” que lo componen.


En estos tiempos de generalizados FINGIMIENTOS, es muy difícil visibilizar estas variables. Todos los politiqueros se presentan como “independientes” e incluso “apolíticos”. Sus partidos navegan sumergidos como los submarinos: se escudan detrás de los “movimientos sociales” y de las “ONGs”, incluso hasta de “convocatorias ciudadanas, ¡sin partidos!” (¡Mentirosos!). Sólo emergen a la superficie y dan la cara en tiempos de elecciones, para regresar de inmediato a manipular sus piezas detrás de las cortinas.


En el Foro Liberal de América Latina somos “fusionistas”; y así nuestros partidos. Y lo declaramos; porque somos transparentes. Veamos ese tema, por último, para cerrar este artículo.


FUSIONISMO

Somos liberales clásicos; o sea: liberales y conservadores a la vez. Liberales porque aspiramos a lograr libertades, para traernos prosperidad y riqueza. Conservadores porque sabemos que las libertades se plasman en instituciones liberales y democráticas que requieren de un sustento moral, para poder ser conservadas. Es una enorme incongruencia aspirar a tener economía libre y al mismo tiempo defender causas “progresistas” en la cultura. Como es otra enorme incongruencia ser “provida y profamilia”, y defender a la vez el status quo estatista en los mercados, que destruye la economía familiar.

El fusionismo es un tema de doctrina. Pero además es un tema de estrategia: queremos llegar a nuestro público-destino, que es la gente normal, la amplia “mayoría silenciosa”, expresión famosa desde el discurso de Richard Nixon con ese título, el 3 de noviembre de 1969: para acabar con la guerra de Vietnam, buscó el apoyo del grueso del pueblo, en contraste con las minorías gritonas y ruidosas. Tal vez hoy cabe hablar de mayoría no silenciosa sino “silenciada”, acallada por los gritos y ruidos de las minorías activistas, todas de clase media.

¿Cómo es la gente normal? De trabajo y de familia. Por eso es naturalmente “fusionista”, aunque no lo sabe. Tal vez no tenga mucho estudio, pero sí suele tener mucho sentido común. Y espontáneamente es liberal y a la vez conservadora. Vea: como gente de trabajo, apenas le explicas lo que es el capitalismo, la manera honesta de lograr prosperidad, entiende y adhiere sin objeciones. Y como gente de familia, apenas le muestras lo que es eso de la “ideología de género” y el “posmodernismo”, el modo de destruir el futuro, comprende perfectamente, y rechaza. La gente normal es liberal por el lado de la cultura del trabajo; y es conservadora por el lado de la cultura de familia. Es fusionista; sólo que no lo sabe.

El entonces presidente Ronald Reagan nos decía: “los hispanos son conservadores; sólo que no lo saben”. Observó a los migrantes hispanos: salvo los de clase media “ideologizada”, ¿qué hacen en EEUU? Trabajar, y enviar remesas a sus familias. Esto es porque tenemos cultura de trabajo y cultura de familia. No necesitamos promover ningún “cambio cultural”; eso pretende hacer la izquierda. Más bien hacemos “resistencia cultural” contra todas las ideologías que las izquierdas, enquistadas en la clase media, nos quieren meter en la cabeza.

La gente normal no tiene ni ve contradicciones entre libre mercado y conservadurismo, ni ve conflicto entre capitalismo y moral. Distinto es con los “ilustraditos” de la clase media. Y es que la clase media de América hispana no viene de abajo, como la de los “tigres asiáticos” y “leones africanos”, que es producto reciente de las “reformas de mercado”, de fines del pasado siglo XX y comienzos del presente: desde la economía informal y luego formalizada, primera generación con acceso a la educación.

Estos en cambio son vástagos de universitarios ideologizados, nacidos y criados en ambientes de empleos estatales o del rancio mercantilismo, que fueron a colegios y universidades junto con los hijos del antiguo patriciado venido a menos, pero con sus lustrosos apellidos, sus ínfulas de grandeza, y sus resentimientos; a los cuales los hijos de las clases medias les imitan en todas sus modas y esnobismos, como por ej. “ser de izquierdas”. A diferencia de los países capitalistas de Asia y África, no es clase media nueva, fresca y emergente; es vieja, y llena de confusiones, enredos, equívocos y malentendidos, que se ven en las redes sociales. Y sucede que nuestro vino nuevo no entra en odres viejos.

Por eso la clase media nos rechaza. Tenemos infinidad de documentos, escritos, audios y videos, que la clase media, supuestamente “educada” no quiere examinar; y nos rechaza sin conocernos, porque como la vieja Castilla de Antonio Machado, ella “desprecia cuando ignora”.

Nuestro fusionismo tiene futuro sólo si conseguimos ayudas y recursos como para pasar por sobre esta barrera sociológica, y llegar masivamente con nuestro mensaje a la gente normal, mediante una fuerte inversión publicitaria por fuera y más allá de las redes sociales.


NOSOTROS

No te engañes ni te confundas; nuestro proyecto es muy completo: no le falta nada. Es único en su género, porque no hay otro, y si hubiera algo mejor, no dudaríamos un instante en botar el nuestro a la cubeta de la basura y adoptar el otro. Pero no hay. Por tanto, somos la única solución real y verdadera. Pero sólo la podemos concretar y hacer efectiva si tenemos tu firme compromiso y apoyo, y el de muchos más como tú, que nos ayuden a CRECER. Para ser ampliamente VISIBLES, y tener un PESO y así una CAPACIDAD DE INCIDENCIA que de momento no tenemos nuestros partidos del Foro Liberal de América Latina en nuestros países.

Es mucha la información que tenemos en línea sobre nuestro proyecto. “Por más ocupado que estés, debes hacer espacio para salir de la ignorancia”, dicen que dijo Confucio. Date un tiempo y tómate el trabajo de conocerlo bien, en toda su amplitud, y saber de sus sólidos fundamentos, para darte cuenta de esto por ti mismo, como asimismo de las muchas enormes diferencias con lo que hay en el “menú” actual. Ciertas personas nos exigen una solución inmediata; pues no la hay, no está a nuestro alcance por ahora.

A nuestro proyecto no hay que agregarle ni quitarle nada; ni cambiarle nada. De intentar lo contrario, corremos el peligro de naufragar. Sólo tenemos que llevar NUESTRO MENSAJE a su destino natural: la “mayoría silenciada” de gente normal. Es todo. Y ese “target” hoy en día se reparte así:

--- Abstencionistas. A los que se suman votos en blanco, nulos y anulados. Con toda razón, no ven diferencia entre opciones todas iguales o muy parecidas; no creen en “el mal menor”. Es el genuino “voto antisistema”, y es espontáneo. Hay que acompañarlos, para atraerlos a nuestra causa.


--- Votantes de la izquierda dura. Confundidos, creen votar contra el sistema, cuando en realidad votan por unas expresiones extremas del mismo sistema. Hay que explicarles.

--- Votantes de la izquierda blanda y de la derecha mala. Creen escoger el “mal menor” para “salvar la libertad y la democracia del comunismo”. Hay que mostrarles que sólo las reformas estructurales y de fondo podrían salvarnos de ese peligro, cambiando el sistema; pero las opciones “centristas y moderadas” se niegan a hacerlas, y así generan la inconformidad y el disgusto que le abre la puerta al comunismo.

El Movimiento Cinco Reformas es como un buque a motor, pero sin combustible, porque no tenemos fondos. Con manteles y sábanas hemos improvisado algunas velas, para aprovechar los vientos; pero la velocidad es escasa. Por eso avanzamos demasiado lentamente; y esa lentitud nos desespera a muchos de nosotros. Roguemos a Dios que la desesperación no nos lleve a cambiar las piezas maestras del proyecto, porque así el riesgo de naufragar es grande. Y si naufragamos, nuestros países seguirán como van, aunque empeorando, lamentablemente. Tal vez por otros 100 o 200 años más, ¿por qué no? Las soluciones mágicas no existen. No hay pomadas milagrosas.

Ciertas personas nos dicen “Tienen razón, lo de Uds. es genial, pero va a llevar mucho tiempo...” Pues no necesariamente: si contamos con suficiente base de apoyo en militancia, trabajo voluntario y donaciones, entonces puede ser en un lapso mucho más corto del que imaginas. Y si no contamos con eso, ¡será nunca!

Somos la única salida. Pero en gran parte depende de ti, y de otros como tú. ¿Qué puedes hacer? Simple: estudiar nuestro proyecto, difundirlo, y prestarnos tu apoyo, uniéndote a nuestra causa, perseverando y colaborando para hacerla más presente y visible en el escenario, y más fuerte cada día, paso a paso. Para que podamos hacernos oír, con la verdad por delante, y con el favor de Dios.

San Juan del Río, México





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