• Alberto Mansueti

“Manifiesto Liberal”, Cap. 2

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CAPÍTULO DOS: PLAN POLÍTICO

I. DIAGNÓSTICO

“¿Cuál es el principal problema en tu país?”

1) En las encuestas de opinión, a la cabeza de los problemas en Latinoamérica, casi siempre figuran el crimen, la violencia desbordada y la inseguridad, y la corrupción, como respuestas a la pregunta sobre “el principal problema del país”. Y problemas relativos a las funciones propias del Estado: deficiencias en las obras públicas, y en los Tribunales; y otros relacionados con fallas en los partidos políticos y la democracia en general. O sea: los problemas en el orden político, figuran en primer lugar.

2) En segundo lugar destacan la pobreza, y la miseria escandalosa, así como la falta de empleo, carestía de la vida, inflación e insuficiencia de los ingresos; y otros problemas de orden económico.

3) En tercer lugar, figuran las pocas oportunidades educativas, y el deterioro general en la docencia y enseñanza; y luego, 4) la carencia de servicios médicos; y por último, 5) lo magro de las jubilaciones y pensiones.

Cinco series de problemas son considerados los más importantes por la propia población. Así es en todos nuestros países. Lo dice la gente, no lo decimos nosotros. Lo que nosotros decimos es que tenemos los remedios: la Reforma Política (1), y la Reforma Económica (2), y las reformas educativa (3), de los servicios médicos (4) y de las jubilaciones y pensiones (5).

Cuatro generaciones de problemas y su causa común: estatismo

La raíz de todos los problemas es una sola: estatismo; usurpación de funciones y actividades privadas, invasión de esferas privadas y secuestro de instituciones particulares por el Estado, y consecuente desatención por los Gobiernos de sus funciones propias. En el Perú y en Latinoamérica llevamos a lo menos 600 años de estatismo, 400 como Reinos y provincias de Ultramar (llamados “colonias” desde fines del s. XVIII), y unos 200 como Repúblicas (¿?) independientes. No conocemos otro sistema. En los últimos 50 años cambiamos del estatismo mercantilista al socialista, con algunos pocos timonazos al “Neo” liberalismo, que de liberal tiene poco o nada, y luego de vuelta al socialismo, civil o militar.

1) El estatismo y su hija inseparable, la corrupción, remontan a la época del Almirante Cristóbal Colón y su vástago Don Diego; y la pobreza, también producto del estatismo. Esos tres -estatismo, pobreza y corrupción- junto con el crónico nepotismo, son los problemas de “primera generación” (que por eso llamaremos los problemas G1), que la Independencia no resolvió, y quedaron pendientes hasta hoy.

2) En las Repúblicas ya independizadas, se sumaron los problemas de “segunda generación” (les llamaremos problemas G2): en el lado del Gobierno, la incapacidad de edificar instituciones públicas sólidas y eficientes, p. ej. jueces y tribunales imparciales, honestos y diligentes, que cooperen en el camino a la prosperidad; y en el lado de la Sociedad Civil, la incapacidad de sostener empresas privadas crecidas y fuertes, capaces de crear riqueza, e instituciones civiles privadas no dependientes del Gobiernos.

3) A estos problemas, se sumaron a mediados del s. XX los de “tercera generación” (problemas G3) o de subdesarrollo: fallas graves en economía, finanzas, banca, educación, servicios médicos y previsión, etc., sin contar la polución ambiental, problemas frente a los que nada efectivo puede hacer el Estado, incapaz también de frenar el crimen desbordado.

Todos estos problemas siguen irresueltos, por haber dispuesto “soluciones” estatistas, e insistir siempre en el mismo tipo de políticas irracionales aún cuando es obvio que no alcanzan sus objetivos declarados, como p. ejs. la “Guerra a la Pobreza”, con medidas populistas que perpetúan la pobreza; o la “Guerra a las Drogas”, con políticas represivas ineficaces. Estos problemas quedan pendientes y sin respuesta idónea, y se pasan de un gobierno al siguiente, de un ciclo al que viene, y de un siglo al otro.

4) Como si fuera poco, con el s. XXI se nos vino encima una larga lista de nuevos problemas, “de cuarta generación” (G4), tan extensa y variopinta que es imposible exponerla aquí. Algunos de ellos son meras consecuencia de los fracasos en los viejos males y los modos de abordarlos, como p. ej. la violencia en todas sus manifestaciones, incluso dentro la familia, esa harto publicitada “violencia doméstica”, exagerada en las estadísticas publicadas por quienes desean al Estado como padre de todos los hijos, y marido de todas las mujeres. Otros “problemas” son sólo seudo-problemas, p. ej. los “derechos homosexuales”, y otros temas de la “política correcta” (una expresión irónica), inventados por quienes no han resuelto los problemas reales, para disimular sus continuos y reiterados fracasos, y para avanzar sus agendas.

El “Pacto Social” (o “la Tercera Vía”)

Los liberales defendemos el capitalismo. Pero todos los sistemas y países son “capitalistas”, porque “capital” es todo bien económico que sirve para producir otros bienes económicos; y en toda economía hay capital, siendo un factor clave. La pregunta es: en cada sistema, ¿quiénes son los propietarios y gerentes del capital, y en consecuencia qué tipo de capitalismo se trata, y cómo funciona?

Hay un capitalismo liberal, que permite crear riqueza para todos; pero no lo tenemos. Y hay un capitalismo estatista, que tenemos, en dos grandes variedades: 1) Mercantilismo, o capitalismo “de amigotes”; y 2) Socialismo, o capitalismo de Estado. Bajo el primero se permite crear cierta medida de riqueza, sólo para ciertas minorías; y bajo el socialismo, esa escasa riqueza se “re-distribuye”, a los bolsillos de otras minorías principalmente. Nuestro sistema es mixto: social-mercantilista.

El mercantilismo defiende intereses económicos en mayor medida; y el socialismo, intereses ideológicos y políticos. En el Congreso se sientan los representantes de ambas oligarquías, la económica y la política. Ambos estatismos suelen enfrentarse, a veces agriamente. Pero por lo común acuerdan de modo amistoso, aunque por debajo la mesa. Delante de micrófonos y cámaras de la televisión intercambian improperios, y a veces puñetazos. Pero al decidir, tras bastidores negocian e intercambian votos: los congresistas del mercantilismo a favor de las leyes socialistas, los socialistas de las leyes mercantilistas, y los diputados “comodines” a favor de ambas. Así se garantizan una y otra oligarquías sus respectivos privilegios. “Nosotros votamos las leyes de Uds. y Uds. las nuestras”. Al producto de “Pacto Social” le llaman “Economía Mixta”: capitalismo para los ricos; socialismo para los pobres.

Las dos oligarquías

1) A las oligarquías económicas, las leyes “proteccionistas” les mantienen “sus” mercados cerrados a la competencia, como cotos de caza exclusivos, al abrigo de toda intromisión externa o interna, y les permiten obtener grandes ganancias a pesar de ser ineficientes.

Así pueden sus empresas seguir operando, pese a las enormes magnitudes de sus costos, en términos comparativos y de precios relativos, producto de sus ineficiencias. Son inmunes a la competencia, y por ende impunes: pueden evadir la severa disciplina de las leyes de la oferta y la demanda, de las ganancias y las pérdidas. Así es como pueden mantener atrasadas sus tecnologías, obsoletos sus sistemas gerenciales, administrativos o mercadológicos, deficientes sus métodos de inventarios, y mucho menos que óptimas sus estructuras financieras. Porque “sus” leyes especiales y a la medida, les garantizan sus nichos monopolistas y oligopolistas, y les relevan de su deber y obligación de soportar la competencia abierta.

¿Quiénes pagamos las consecuencias? Nosotros: sus clientes y consumidores, sus trabajadores y empleados, y sus microempresarios proveedores. Internalizamos y absorbemos los costos de todas sus in-competencias, a través de los precios que nos cobran. Resultado: empobrecimiento general.

2) Entonces llegan las oligarquías políticas, burocráticas y sindicales socialistas o populistas de izquierda, con sus “leyes sociales” (y laborales y gremiales) para los pobres, que parecen todas muy bonitas en el papel, pero no resuelven nada, y en cambio lo agravan todo. Porque distorsionan los incentivos para el trabajo, el ahorro, la inversión y la creación de riqueza; someten al arbitrio del Estado la educación, la medicina, y toda la cultura y la vida en general; abultan la burocracia y el Presupuesto Fiscal; y crean una cultura de adicción y dependencia de los “Programas sociales”.

Pero nos quitan en impuestos los recursos que permiten la regia vida de las oligarquías de izquierda, repartiendo los despojos entre sus clientes en las clases populares.

“Los ricos estamos completos”, dice la derecha económica o mercantilista, defensora del “capitalismo de amigotes”, no del capitalismo liberal. Y la izquierda, en su defensa del capitalismo de Estado, dice: “Con tan buenas leyes sociales, de educación, salud, etc. para el pueblo, ¿Quién querría ser rico?” Así es como las izquierdas votan por las leyes mercantilistas, a cambio del apoyo a las leyes socialistas por la derecha; ¡y felices todos ellos!

No es novedad. Lo mismo hicieron los patricios y los hermanos Gracos y su reforma agraria en Roma, y hundieron la antigua República romana; lo hicieron también los laboristas y los conservadores en Gran Bretaña al fin de la II GM, y hundieron la industria británica; lo hicieron asimismo en los EEUU los hermanos Kennedy con el “complejo militar-industrial”, y sentaron las bases para la gran crisis del s. XXI, de la que hoy todavía los estadounidenses no pueden salir; lo hicieron los europeos occidentales cuando los conservadores copiaron de los socialdemócratas el mal llamado “Estado de Bienestar”, y entre ambos convirtieron los “milagros” económicos de posguerra en la “Euroesclerosis”.

La Derecha política va a seguir perdiendo mientras siga empeñada en la defensa de privilegios para minorías oligárquicas, en la vía mercantilista, en vez de libertades para todos, en la vía liberal. Porque la Izquierda siempre tiene una oferta política y electoralmente más atractiva: privilegios para las mayorías, disfrazados de “derechos”. Con esa promesa conquista el poder; y después, cuando se revela como una demagogia de imposible cumplimiento, ya es muy tarde. Y porque cuando una Izquierda fracasa, siempre hay otra más radical dispuesta al relevo.

¿Cómo y por qué el Estado se hizo obeso?

Absorbiendo funciones privadas unas tras otra, al calor de las sucesivas reediciones y ampliaciones del “Pacto Social”. Funciones que no le corresponden por su naturaleza. P. ej. en lo económico, el Estado asumió la propiedad de activos como el subsuelo, y de empresas, bancos, etc.; y la dirección y control de la economía, finanzas y negocios privados. Es propietario o inversionista, o gerente general, o promotor y proveedor de insumos; o es todo a la vez y a un tiempo. Y asimismo en la educación, servicios de salud, y cajas de jubilaciones y pensiones, el Estado ha tomado el papel de maestro y profesor, médico y enfermero, y administrador de fondos para retiros e imprevistos.

El estatismo no funciona porque el Estado es para hacer defensa y justicia, con la fuerza. Por eso sus rasgos esenciales son opuestos a los de las agencias privadas. Por ej. 1) el orden jerárquico, en lugar del consensual (los acuerdos), o el democrático (la mayoría de votos); 2) la uniformidad, en vez de la variedad, diversidad, pluralismo y competencia; 3) la formalidad y hasta la solemnidad, en lugar de la informalidad; y 4) la disciplina vertical, en vez de la horizontal propia de los mercados. Son esas sus características connaturales, funcionales al uso de la fuerza; por ello sirven muy bien en el ejército, la policía, la burocracia y los jueces y tribunales, en la diplomacia, y en la colección de impuestos. Pero no sirven, y mucho estorban, en los negocios, la educación, la medicina o los planes de retiro, que no requieren uso de coacción.

El Estado no se necesita donde la fuerza no se requiere; por ej. para comerciar, fabricar, sembrar y cosechar, para educar y aprender, para curar enfermedades, para administrar fondos previsionales. La invasión de estas esferas privadas por el Estado es una indebida usurpación de actividades que corresponden a los mercados libres, y a las empresas privadas en competencia, capaces de producir y distribuir todos estos bienes y servicios de forma mucho más eficiente, productiva, económica y justa que los Gobiernos, con una condición: que éstos atiendan bien sus tres funciones, lo cual hoy no hacen. Las escuelas y consultorios médicos, así como las cajas o fondos de jubilaciones y pensiones, también son “empresas”, por naturaleza. En el “sector privado” no hay sólo firmas comerciales, sino también familias, iglesias, escuelas, clubes sociales, asociaciones civiles, partidos, medios de prensa, asociaciones benéficas y una amplia gama de entidades privadas que cumplen fines y funciones específicas, con sus medios específicos.

Al usurpar funciones privadas, el Estado se recarga de tareas, y de poderes, derechos y facultades, que ejerce mediante reglamentos y controles arbitrarios, y muchas veces caprichosos. También se recarga de gastos, que atiende con los recursos procedentes de los muchos y altos impuestos, del crédito, y de la inflación de moneda. Desatiende las funciones genuinamente públicas. Y algo peor: obstaculiza, prohíbe, encarece o impide que las entidades privadas logren sus fines de servicio.

¿Por qué perdura el estatismo?

Porque existe una cultura antiliberal que le brinda legitimidad ideológica. Y una falsa y perversa moral antiliberal. Son principios, normas y anti-valores contrarios al mercado y al capitalismo, a la libre y abierta competencia, al ejercicio de la individualidad, a la libre empresa y a la iniciativa personal, al lucro y al comercio. El capitalismo liberal es declarado inmoral, y en consecuencia ilegal.

Esa cultura estatista trae tres mensajes. 1) El discurso mercantilista; dice que “debemos proteger la producción nacional”, y aislarnos del mundo exterior; la globalización no es nada buena. 2) El discurso populista y socialista; dice que el capitalismo explota al trabajador y al consumidor, contamina el ambiente, discrimina y “excluye” a los pobres, las mujeres, los indígenas, los negros (o los cholos), los “gays”, etc. etc. 3) El discurso combinado del contubernio social-mercantilista, que exalta y glorifica el colectivismo, la burocracia reguladora, el “control de la economía” por la todopoderosa Nomenklatura (los jefes y la burocracia), y alaba los programas estatales paternalistas y “maternalistas”, que crean adicción y Estado-dependencia.

Esta cultura genera un ambiente cerrado y artificial, en beneficio exclusivo de las oligarquías económicas y políticas, que negocian sus respectivos privilegios en perjuicio de aquellos mismos a quienes dicen defender: los más débiles. Así se perpetúa en sus instituciones y sus leyes.

La cultura anti-liberal se infiltra a través de muchas vías o canales de difusión masiva: 1) las universidades y la educación pública controladas por el Estado, proporcionan las teorías y la mitología que justifican el estatismo; junto con, 2) las agencias de la ONU, y las ONGs que se valen de sus fondos. 3) Los políticos estatistas repiten las agendas y consignas de esa cultura; 4) la prensa les hace coro; y 6) la cultura popular las rehace en letras de canciones, con música pegadiza, y en novelas y libretos de radio y TV, y noticias, artículos y comentarios por los medios; y ahora por la Internet. 6) El Congreso aplica sus recomendaciones, y las convierte en leyes, cuyo carácter sacrosanto nadie cuestiona; 7) y en los púlpitos de las iglesias y los templos se bendice al estatismo con los santos óleos de la moral y la religión.

Misología y Anomia

Es imprescindible comenzar por la rehabilitación moral y jurídica del capitalismo liberal, y de sus reglas y su cultura. Pero para eso se requiere pensar. Misología es aversión al pensar racional y lógico; Anomia es ausencia de normas reconocidas como válidas más o menos universalmente, producto del anti-nomianismo, o aversión a las normas y reglas.

La primera (Misología) es causa de la segunda (Anomia); porque si no usamos el cerebro, no podemos aprender a reconocer y distinguir entre normas justas e inicuas, éticas e inmorales, de provecho y dañinas, buenas y malas (y peores). Así no se puede convivir, porque hay forma de acordar reglas básicas de convivencia. Para tener discernimiento claro, es indispensable el uso de la razón, a fin de llegar al conocimiento de la verdad. Pero vivimos inmersos en una cultura profundamente anti-racional y anti-nomiana. La mayoría de la gente no razona sobre estas materias, por eso hoy no admite normas universales: las aborrece, y en este rechazo consiste el anti-nomianismo. “Cada quien tiene su propia ética”, se dice. Es cierto; y por eso estamos así.

La gente carece de “principios y valores”, es cierto, pero porque no piensa, ni quiere pensar. “No hay tiempo” dice, y es verdad. Inconsultamente es exigida por el sistema a gastar horas y días en exceso para un mero subsistir. Agitada y agotada por el trabajo cotidiano con los interminables viajes a sus labores y de retorno a sus hogares, la inmensa mayoría carece de tiempo, paz mental e información a la mano para investigar y documentarse acerca de su mala condición, y la salida. Así es como la masa de gente que más disfrutaría de su Liberación, se aferra a sus cadenas con empeño digno de mejor causa, ideologizada por el estatismo desde la escuela primaria, que le recorta y quita las libertades y los recursos necesarios para liberarse, entre ellos el tiempo disponible.

Tampoco buscan tiempo muchas personas que a la opresión del estatismo añaden las esclavitudes de las drogas, el alcoholismo, el pansexualismo y otros escapismos: horóscopos y brujerías, telenovelas, libritos de “autoayuda” con toda esa filosofía hueca de la “autoestima” y el Pensamiento Positivo, los interminables cursos que gradúan especialistas desempleados, las religiones místicas como la seudo-cristiana “teología de la prosperidad”, y las obsesiones colectivas como el fútbol, ligado al chauvinismo patriotero. Todas ellas fomentadas por el estatismo, mayor o menormente, y de mil formas, tanto directas como indirectas.

La corrupción

Vea la prensa, los continuos escándalos y escandaletes. La opinión pública dispersa su atención en irrelevantes minucias, llevada y traída de nariz de un episodio a otro de corrupción. La vida política gira en torno a quién robó o malversó cuánto dinero en tal o cual oficina estatal, y quién le descubrió y denunció. Son los aspavientos de la “lucha anticorrupción” y sus apóstoles. Pero ¿qué es la “lucha anticorrupción”? Una farsa, montada por los políticos estatistas más hábiles, expertos en borrar trazos y no dejar pistas –los denunciantes- para deshacerse de los más torpes e inhábiles –los denunciados- incapaces en al arte de desaparecer sus huellas. Así los primeros quitan a los segundos de en medio, en su camino de ascenso hacia la cumbre del poder.

Sin embargo la cultura estatista crea la imagen de que la riqueza es una suma fija, una Gran Torta, siendo el Estado el Gran Repartidor, de la cual las porciones son determinados de antemano para cada quien según su condición, sea en efectivo como en los “Planes Sociales”, o en especie como en “la educación y la salud”, las pensiones etc. Por ello cada caso de “corrupción” se ve como un mordisco antes de tiempo o fuera de orden, que deja menos cantidad para el resto, que se hunde en decepción, frustración, amargura y crispación. La gente es llevada a creer que la corrupción es casi el único problema, sin el cual todos podríamos tener parte en la Gran Torta.

Para colmo, en un clima de fuerte relativismo, hostil al pensamiento claro y riguroso, los partidos se acogen a la falsa tesis de la “muerte de las ideologías”, y entierran sus viejas doctrinas, que aunque inútiles, al menos servían como pautas de referencia para identificarles tras sus antiguos nombres. Caudillismo siempre tuvimos, en lugar de instituciones sólidas, pero hoy es peor: bajo nuevos nombres “neutrales” (y ridículos) los partidos son meras maquinarias electorales personalistas para negocios turbios a la sombra del estatismo. Los medios de prensa pretenden asumir roles propios de los partidos políticos; pero no pueden. Y la clase media confundida cree que el mal son los partidos en lugar del estatismo.

La gente no aparta tiempo para aprender las doctrinas y sistemas de Economía Política; ni las diferencias entre unos y otros, y a quiénes cada uno aprovecha o perjudica. No puede estudiar la Biblia seriamente ni su positivo impacto en Occidente, ni investigar las “ciudades libres” medievales, o la influencia de la Reforma Protestante en el norte de Europa y en EEUU. Encima de eso, quienes han pasado por una Universidad tienen la cabeza repleta de información falsificada, y además de tiempo, carece también de paciencia y humildad suficiente como para desaprender.

II. NO ES “REVOLUCIÓN”, ¡ES DEVOLUCIÓN!

Derogar las Leyes Malas

Sea cual sea, todo sistema de Economía Política -mercantilista, socialista, mixto o capitalista liberal– encarna en el conjunto de las leyes que lo consagran, las que componen el entero Digesto Legislativo de un país.

Las leyes estatistas son las leyes malas, las leyes “especiales”, contrarias al interés general y genuinamente público, para exclusivo beneficio de empresas mercantilistas y organizaciones socialistas. Las leyes comunes, generales y ordinarias de los Códigos, iguales para todos, deben recuperar su vigencia plena.

Establecer la República

¿Qué se requiere? 1) Un sistema político, gubernativo y judicial que funcione, eficiente y de costo razonable, con partidos que reflejen las opuestas ofertas ideológicas entre las que se pueda escoger; 2) trabajo, comercio, ahorro, inversiones, moneda sana e ingresos suficientes para erradicar la miseria y reducir la pobreza, en el corto a mediano plazo, y en el marco de una economía expansiva, con mercados abiertos y prosperidad para todos; 3) educación de calidad, accesible para quienes quieran aprovecharla; 4) atención médica digna, y al alcance de los enfermos, discapacitados y accidentados, y 5) jubilaciones y pensiones decentes. Y para ello: las Cinco Reformas.

Se puede. Claro que sí. Como en el “Éxodo” bíblico, “La Salida” del estatismo y sus plagas endémicas es una liberación de la esclavitud, para establecer la República, mediante 1) la Reforma del Estado y el orden político, fundamental, crítica, imprescindible y urgente, que abarca Gobiernos, política y partidos; 2) la Reforma en el orden de la Economía, afectando positivamente a todos los negocios en general. Y sus complementos en el orden cultural y social: las reformas, 3) en educación, 4) atención médica, y 5) cajas de jubilaciones y pensiones.

¿Se requiere Reformar la Constitución? Posiblemente sea necesario derogar algunos artículos y apartados, y cambiar otros; pero lo que seguramente se requiere retirar el consentimiento del Perú para todos los Tratados y Convenios internacionales que nos imponen pautas y normas anti-liberales, y una estrecha dependencia con las Agencias interestatales mundiales o regionales que las impulsan en todo el globo. ¿Cómo? Rompiendo las relaciones vinculantes, con base en el principio de soberanía. Al igual que los Estados pueden vincularse a otros contrayendo obligaciones mediante acuerdos, también pueden desvincularse de los mismos, mediante su denuncia.

¿Cómo se hacen las Cinco Reformas? Primeramente con un periódico, vocero, agente y actor ideológico y político a más de informativo, para poner el tema en la agenda pública. Después de eso, un fuerte movimiento de opinión debe tomar forma y estructura, relegitimando éticamente el comercio, la empresa, las ganancias, la actividad económica y el capitalismo; y también la actividad política y los partidos, cuando se dirigen a fines nobles de interés general, no a garantizar privilegios.

Con estos temas apremiando en la Agenda de Opinión, los partidos no tendrán más remedio que declarar honestamente sus posiciones ideológicas, desde ya mismo. Y por fin, una sólida mayoría política y de congresistas, procedentes de todas las canteras políticas, tiene que derogar las leyes que hacen legal y obligatorio el estatismo, y que prohíben o torpedean el capitalismo liberal; e impulsar las reformas.

III. HOJA DE RUTA

Marcando en cuál punto estamos, y a cuál otro queremos llegar. Estamos el estatismo social-mercantilista, y queremos llegar a la República. Gradualmente.

¿Gradualidad o shock?

Sin duda: gradualidad. Porque son demasiados y diversos los intereses creados a favor del estatismo, de todos sus privilegios mercantilistas para las grandes empresas y grupos económicos, y de todos sus privilegios burocráticos, gremiales y corporativos para los partidos, las ONGs y grupos ideológicos, políticos, profesionales y sindicales. Establecen firmes alianzas entre ellos, a base de intercambiar unos por otros esos privilegios.

No queda otra opción que la gradualidad, considerando lo muy enquistado del sistema, lo condicionado de los cerebros, y la permanente guerra sin cuartel contra el capitalismo liberal, mediante ofensivas combinadas culturales, ideológicas, religiosas y políticas, en varios frentes.

Pero hay dos tipos de gradualidad, en el tiempo y en el espacio. 1) Gradualidad en el tiempo significa un proceso a largo plazo de dosificación gradual de las medidas a tomar, paso a paso, conforme a un programa único para todo el territorio nacional, haciendo concesiones. 2) Gradualidad en el espacio, significa aplicarlas todas a fondo y de modo simultáneo, pero primero en unas ciertas ciudades, territorios o regiones, y en otras zonas después. Como en China.

La primera no sirvió. Lo vimos en los años ‘90, lo aprendimos tanto en los países de Latinoamérica como a la caída del comunismo tipo soviético en la ex URSS, Europa del Este y Asia: son demasiadas y muy pesadas las trabas y obstáculos al trabajo, al ahorro, a la inversión y a la contratación voluntaria, a la libre empresa y a la competencia abierta.

Las medidas aisladas no funcionan, porque se negocian algunos compromisos, para quitar algunos impuestos, o rebajar sus tasas algunos puntos, derogar unos pocos reglamentos burocráticos, remover ciertos privilegios a determinados grupos o sectores; ¿y todos los demás impuestos, reglamentaciones y privilegios? Siguen vigentes. Así el fracaso llega enseguida. Y le echan la culpa al “capitalismo salvaje”. Por eso las medidas aisladas son anti-efectivas; es decir: contraproducentes, porque los malos resultados se atribuyen al liberalismo. Así se refuerza la opinión en contra, y las pocas decisiones en pro de la libertad son revertidas al tiempo. Y volvemos a lo de antes.

Perú: “un país, dos sistemas”

El nuestro no es un país tan extenso ni poblado como la China, pero también tenemos un territorio muy diverso: costa, sierra y selva, tres extensas regiones con recursos naturales y económicos muy ricos y diversos. Y tenemos los peruanos muchos de los mismos problemas que los chinos en 1981: el excesivo estatismo, de izquierda sobre todo, inmensa burocracia, concentración o centralización de poder y riqueza en la capital. Y además, una cultura estatista que ha permeado en la sociedad entera y sus distintas capas sociales, cualesquiera sean sus edades y niveles de ingresos, credo religioso, opinión política, color o afiliación partidista, edad, grado o especialidad de instrucción formal. (No confundir instrucción con educación; son diferentes.)

Por eso, como en China el año 1981, La Salida es tener opciones, “un país, dos sistemas”, de tal modo que con las experiencias piloto en determinadas ciudades o áreas, a niveles provinciales y municipales, las personas tengan una demostración palmaria y palpable de las diferencias. Y puedan ver, y de ese modo comparar unas ciudades con otras, unas regiones con otras, sin estudiar cientos de libros sobre Economía, o leer miles de ensayos liberales. Así tú mismo puedes ver en tu país y con tus ojos las reales y visibles consecuencias del capitalismo liberal y del estatismo.

De todos modos la gente que está desinformada, y malacostumbrada a pre-juzgar (juzgar sin conocer), ¿cómo le presentamos por primera vez la realidad? De todos modos habrá que hacerlo, distribuyendo este Manifiesto Liberal con videos y folletos, en una Campaña Nacional de Opinión (CNO) en todo el Perú. Y luego, ¿cómo seleccionamos las zonas, áreas o ciudades especiales? Por Encuesta Nacional de Opinión (ENO) en todos los departamentos, provincias y municipios del país, como se describe a continuación.

Comenzando la Devolución

El primer paso es poner desde ahora en la Agenda pública el tema del Sistema vigente, los temas del contubernio social-mercantilista, y la Devolución. Sacar la atención pública de todos esos escándalos, maniobras, dimes y diretes de los políticos y los personajes estatistas, que la prensa nos pone por delante, uno tras otro y día tras día, para distraernos y desenfocarnos. Llamar la atención sobre las leyes malas, sus malvados efectos y el Congreso que las dicta, hoy secuestrado por una mayoría de congresistas estatistas, más o menos mercantilistas o socialistas, pero todos acomodaticios (o mentirosos y ladrones), con intereses pero sin principios.

Los movimientos populistas y de izquierda crean y manipulan sentimientos de culpa y conmiseración hacia “los pobres” (los “excluidos”) en la clase media; y así la secuestran psicológicamente: la hacen y mantienen prisionera. Para romper esas cadenas hay que mostrar cómo opera el perverso contubernio: los Gobiernos estatistas conceden privilegios a los ricos para que no haya más ricos; y luego negocian la parte de riqueza que van a quitarles, a los ricos según ellos, para destinar según ellos “a los pobres”, mediante la re-distribución estatal.

En cuanto los recursos lo permitan, será la Campaña Nacional de Opinión, CNO, una maratón informativa en todo el Perú, sobre “los Tres Sistemas de Economía Política”: mercantilismo, socialismo, y capitalismo liberal, tan difamado, calumniado, mal entendido y pre-juzgado. Y sobre las Cinco Reformas, y sus benéficos resultados en el corto plazo, no en el muy largo como nos ilusiona el “Neo” liberalismo. Para los pobres la salida no es la crónica dependencia de los “programas sociales” adictivos, que les tienen en sumisión inmadura e infantil. La Salida es la libertad, para ellos, y para todos, sin privilegios, para nadie. Es el capitalismo para todos, y no sólo para unos pocos.

Arma poderosa en favor del estatismo es la cultura popular dirigida al corazón y a la mente del gran público como “entretenimiento” y hasta “educación”. Promueve, sostiene y refuerza unos falsos “principios y valores” en textos escolares y de estudio, en filmes e historias, canciones, películas, noticieros, tiras cómicas y programas de radio y TV, y publicidad comercial. Nos entrega una imagen muy distorsionada de la realidad, presentando siempre como villanos al comerciante y a la empresa; y como héroes a los burócratas y a los activistas del socialismo. Estas armas tenemos que usar, pero apuntadas al lado contrario.

Luego la Encuesta Nacional de Opinión, ENO, en todo el país, con información adicional y unas pocas preguntas centradas en la cuestión: “De los Tres Sistemas que ya conoces: mercantilismo, socialismo, y capitalismo liberal, ¿cuál prefieres para tu Municipio o Provincia?”

Hacia 2016, un compromiso de candidatos liberales al Parlamento, de distintos partidos, en un acuerdo mínimo para la derogación de todas las leyes malas y las Cinco Reformas. Y en 2016, toma del Congreso por 72 congresistas liberales, la derogación de las leyes malas, y la concreción de las Cinco Reformas a partir de las ciudades o áreas favorables al capitalismo liberal.

IV. CARTA DE NAVEGACIÓN

Para salir del estatismo social-mercantilista, y llegar al sistema liberal de Gobiernos limitados, hay estaciones intermedias en el camino.

1) Primero es “La Salida”, un periódico liberal, primero digital y luego impreso, dirigido principal mas no exclusivamente a la clase media, a fin de informarle sobre la actualidad de todos los días en la política, la economía, la cultura y el mundo, para ayudarle de esta forma a interpretar las cosas de modo realista y sin anteojeras. Y para remover los sentimientos de falsa culpa hacia “los pobres”, que impulsan a apoyar el populismo con móviles “altruistas”.

2) Desde “La Salida” generamos una corriente de opinión articulada, bien informada y educada en el Proyecto Liberal, que no tema ser identificada con el capitalismo liberal o la Derecha liberal (no mercantilista).

3) A partir de esa corriente de opinión, organizamos un Movimiento por la Devolución, financiado con cuotas y donativos de sus simpatizantes. Con gente no corrupta, y dispuesta a sacrificar tiempo y dinero para invertir en su propia formación, y en una actividad política honesta, con inteligencia y con sabiduría y prudencia, para la liberación del Perú y de Latinoamérica. Con liderazgos bien formados, y voceros calificados y preparados, capaces de hacer una oposición liberal al sistema y no meramente al Gobierno de turno.

El Movimiento, constituido en voz crítica como un “Congreso en paralelo”, debe ser referencia nacional e internacional. Con influencia en los medios, la cultura y los partidos, iglesias, escuelas y Universidades. Para ello debe lograr reconocimiento y prestigio; por eso es preferible evitar los compromisos con candidatos para elecciones regionales, municipales o gremiales etc., no tanto por desconfianza hacia ellos, sino porque dentro del sistema actual, y sin removerlo desde sus raíces, nada puede lograrse más que fracasos y descréditos. Si esos candidatos pierden sus elecciones, es mala publicidad para nosotros. Y si ganan, el daño podría ser todavía peor. Esos comicios son otras tantas oportunidades de pasar información y mensaje, de “agitación y propaganda”.

4) Después, la Campaña Nacional de Opinión (CNO); y 5) la Encuesta Nacional de Opinión (ENO).

6) En su debido momento pasamos “la franquicia” a los candidatos y activistas genuinamente liberales de las regiones y provincias, de todas las creencias filosóficas y religiosas (o no religiosas), de todas las edades, ocupaciones y condiciones sociales, económicas y educativas, y de todos los partidos y fuerzas políticas, que adhieran sin reservas a Las Cinco Reformas.

7) Para las elecciones de 2016 al Parlamento, el movimiento por la Devolución debe promover la firma de un “Compromiso por la Derogación de las Leyes Malas y las Cinco Reformas”, con candidatos de diversos partidos y alianzas electorales identificados plenamente con la causa, que en forma pública y solemne se comprometan a impulsarla en su totalidad desde el Congreso, para lograr los 12 Beneficios que se describen en el próximo Capítulo. Y tal vez de promover un Partido Político liberal propio, reconocido y capaz de postular candidatos al Congreso, quizá organizado en células (Anexo B: Organización Celular)

8) Y ya desde el Congreso, a partir de 2016 promovemos la liberación de ciudades y zonas especiales, identificadas democráticamente a través de la ENO, mediante sus correspondientes Estatutos o Fueros Regionales, para tener en ellas seguridad y justicia, obras públicas, real crecimiento, con oportunidades para todos, y prosperidad en paz y orden. Y para que este sistema de libertades, ya harto comprobadas sus virtudes, ventajas y beneficios en los lugares donde se aplica y disfruta, pueda ser extendido a todo el Perú, y a toda nuestra América Latina.

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#Educación #LiberalismoClásico #Liberchairos

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